[Petición de ask Afro-Anubis, primer encuentro con final erótico]
ATENCIÓN: RELATO EXPLÍCITO. ABSTENERSE PERSONAS SENSIBLES.
Nunca olvidaría la primera vez que lo vio, en aquel bar, lleno de mortales que no se imaginaban ni por asomo que, la diosa de la lujuria y el amor se encontraba entre ellos. Y menos aún que el dios de la muerte también estaba allí. Sus miradas se encontraron, y enseguida supieron quien era el otro.
Ella se acercó a la barra, cerca de él, sabía que se acercaría y entablaría conversación con ella. Y así fue, se acercó, podía olerlo, a muerte, masculinidad y un toque de lujuria.
-Buenas noches, Anubis.- pidió tequila y se giró para verlo, la falda se le subió y la mirada que él echo a esa zona lo decía todo.
-Afrodita...- le miró curiosa, estaba, como ella, acostumbrado a ver solo dioses de su misma religión.- Sois muy hermosa...
Aquello fue suficiente, ¿para que decir más? Se levantó de su sitio y se inclinó hacia él, sus pechos le rozaban y el gruñido que él soltó ya le daba libertad para hacer lo que quisiera.
-¿Que te trae por aquí..?- susurró cerca de su oído, le dejó bien claro que no pensaba moverse de allí, y él, que no desaprovechó la oportunidad empezó a acariciar sus curvas.
-Descansar... Distraerme...- Él seguía a los suyo. Concentrado en conocer todas las curvas de aquella diosa que le excitaba tanto con un simple roce de pechos- ¿Y vos...?
-Trabajo...- suspiró cerca de su oído llevando una mano a su nuca, rozándola- Hay mucho sexo en los bares...
-¿Se...Sexo?- aquello hizo que cierta parte de su anatomía se alzara y ella, por instinto se relamió al sentir contra su estómago.
-Exacto... Sexo- un ronroneo salió de sus labios y le dejó entender que, 1. Había notado la erección y, 2. Que estaba deseando encargarse de ella- ¿Sabes? Esa diosa... Felina vuestra que es como yo tiene una gran diferencia conmigo.
-¿Cu...Cual?- aunque su voz temblaba sus manos, traviesas, fueron a parar al trasero de ella.
-Pues...- se acercó a su oreja y mordió su lóbulo- Que soy una insaciable perrita en celo.
¿Para que decir más? Él, obviamente, estaba deseando degustar y morder todas las curvas de la diosa, y ella también. Se separó notando y viendo aquella erección que deseaba llevarse a los labios.
-Te espero en el baño...- susurró antes de irse de allí hacia los baños de señora. Se encargo de que todas se fuera y de poder un cartel de que no funcionaban, ahora solo quedaba esperar si aquel dios de la muerte se atrevería a vivir los placeres del sexo con ella.
Unas manos rodearon su cintura, sonrió, aquellos labios que hasta hace poco temblaban por el contacto de ella ahora devoraban su cuello con ansias y pasión. Las palabras sobraban, igual que la ropa que, rápidamente, fue retirada. La empujó hasta el lavabo, de espaldas a él, sus manos, traviesas, recorrieron su cintura, y fue bajando hasta su trasero. Se agachó hasta quedar enfrente de este y se encargó de aquella zona. Ella sonrió, no podía negar sus tendencias animales, la lengua se adentró en aquella zona por detrás y ella grito de placer, una mano se movió hasta delante rozando su clítoris primero, y, después acariciándolo. Estimulándola, y gruñendo por un animal al ver gritar de placer y tan húmeda.
Se levantó cuando quedó satisfecho de lamer aquella zona y le dio la vuelta para verla de frente.
-Chúpamela...- Afrodita bajó la mira y allí estaba, palpitante, grande y recta. Se relamió y sin dudarlo se agachó para hacer lo que le había ordenado.
Su lengua recorrió toda su longitud, estaba palpitaba contra su boca, miró hacia arriba, Anubis gruñía y no perdía vista de ninguno de sus movimientos. Sin dejar de mirarla se la metió en la boca y él sintió que estaba en el paraíso. Lamió, succionó, mordió y masajeó aquello encantada, hasta el fondo. Noto algo salado, el presemen ya salía y chupó con más energía aún.
-Oh... ¡Joder!- con aquello llegó al orgasmo en su boca, y vio como se tragaba todo sin dejar ni una sola gota- Esto no acaba.
La levantó y volvió a ponerla de espaldas a él, deseaba aquello desde que sus manos rozaron su trasero y, sin miramiento alguno, la penetró por detrás. Gruñidos, gemidos, y el choque de sus cuerpos era lo único que se oía en aquel baño. Él se sentía en el paraíso, e incluso pensó que aquella podía ser una muerte deliciosa por experimentar. Las embestidas cada vez se hacían más fuerte, los gruñidos eran más altos y la humedad de Afrodita ya era muy notoria. Le dio un azote y aquello hizo que culminara.
-No dudes en venir a verme a mi templo cuando desees, Anubis- esas fueron sus palabras cuando, después de limpiarse se visitó. Salió de allí, con esos andares que a él le volvían a encender.
-No dudes que iré...- fue lo que ella oyó antes de desaparecer entre la muchedumbre.
Aquel sin duda había sido una gran primer contacto y, aunque él no fuera a visitar su templo ella si iría al suyo. Nunca está demás conocer más a otros dioses de otras religiones.
Ella se acercó a la barra, cerca de él, sabía que se acercaría y entablaría conversación con ella. Y así fue, se acercó, podía olerlo, a muerte, masculinidad y un toque de lujuria.
-Buenas noches, Anubis.- pidió tequila y se giró para verlo, la falda se le subió y la mirada que él echo a esa zona lo decía todo.
-Afrodita...- le miró curiosa, estaba, como ella, acostumbrado a ver solo dioses de su misma religión.- Sois muy hermosa...
Aquello fue suficiente, ¿para que decir más? Se levantó de su sitio y se inclinó hacia él, sus pechos le rozaban y el gruñido que él soltó ya le daba libertad para hacer lo que quisiera.
-¿Que te trae por aquí..?- susurró cerca de su oído, le dejó bien claro que no pensaba moverse de allí, y él, que no desaprovechó la oportunidad empezó a acariciar sus curvas.
-Descansar... Distraerme...- Él seguía a los suyo. Concentrado en conocer todas las curvas de aquella diosa que le excitaba tanto con un simple roce de pechos- ¿Y vos...?
-Trabajo...- suspiró cerca de su oído llevando una mano a su nuca, rozándola- Hay mucho sexo en los bares...
-¿Se...Sexo?- aquello hizo que cierta parte de su anatomía se alzara y ella, por instinto se relamió al sentir contra su estómago.
-Exacto... Sexo- un ronroneo salió de sus labios y le dejó entender que, 1. Había notado la erección y, 2. Que estaba deseando encargarse de ella- ¿Sabes? Esa diosa... Felina vuestra que es como yo tiene una gran diferencia conmigo.
-¿Cu...Cual?- aunque su voz temblaba sus manos, traviesas, fueron a parar al trasero de ella.
-Pues...- se acercó a su oreja y mordió su lóbulo- Que soy una insaciable perrita en celo.
¿Para que decir más? Él, obviamente, estaba deseando degustar y morder todas las curvas de la diosa, y ella también. Se separó notando y viendo aquella erección que deseaba llevarse a los labios.
-Te espero en el baño...- susurró antes de irse de allí hacia los baños de señora. Se encargo de que todas se fuera y de poder un cartel de que no funcionaban, ahora solo quedaba esperar si aquel dios de la muerte se atrevería a vivir los placeres del sexo con ella.
Unas manos rodearon su cintura, sonrió, aquellos labios que hasta hace poco temblaban por el contacto de ella ahora devoraban su cuello con ansias y pasión. Las palabras sobraban, igual que la ropa que, rápidamente, fue retirada. La empujó hasta el lavabo, de espaldas a él, sus manos, traviesas, recorrieron su cintura, y fue bajando hasta su trasero. Se agachó hasta quedar enfrente de este y se encargó de aquella zona. Ella sonrió, no podía negar sus tendencias animales, la lengua se adentró en aquella zona por detrás y ella grito de placer, una mano se movió hasta delante rozando su clítoris primero, y, después acariciándolo. Estimulándola, y gruñendo por un animal al ver gritar de placer y tan húmeda.
Se levantó cuando quedó satisfecho de lamer aquella zona y le dio la vuelta para verla de frente.
-Chúpamela...- Afrodita bajó la mira y allí estaba, palpitante, grande y recta. Se relamió y sin dudarlo se agachó para hacer lo que le había ordenado.
Su lengua recorrió toda su longitud, estaba palpitaba contra su boca, miró hacia arriba, Anubis gruñía y no perdía vista de ninguno de sus movimientos. Sin dejar de mirarla se la metió en la boca y él sintió que estaba en el paraíso. Lamió, succionó, mordió y masajeó aquello encantada, hasta el fondo. Noto algo salado, el presemen ya salía y chupó con más energía aún.
-Oh... ¡Joder!- con aquello llegó al orgasmo en su boca, y vio como se tragaba todo sin dejar ni una sola gota- Esto no acaba.
La levantó y volvió a ponerla de espaldas a él, deseaba aquello desde que sus manos rozaron su trasero y, sin miramiento alguno, la penetró por detrás. Gruñidos, gemidos, y el choque de sus cuerpos era lo único que se oía en aquel baño. Él se sentía en el paraíso, e incluso pensó que aquella podía ser una muerte deliciosa por experimentar. Las embestidas cada vez se hacían más fuerte, los gruñidos eran más altos y la humedad de Afrodita ya era muy notoria. Le dio un azote y aquello hizo que culminara.
-No dudes en venir a verme a mi templo cuando desees, Anubis- esas fueron sus palabras cuando, después de limpiarse se visitó. Salió de allí, con esos andares que a él le volvían a encender.
-No dudes que iré...- fue lo que ella oyó antes de desaparecer entre la muchedumbre.
Aquel sin duda había sido una gran primer contacto y, aunque él no fuera a visitar su templo ella si iría al suyo. Nunca está demás conocer más a otros dioses de otras religiones.
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