[Relato de ask donde me piden la primera noche que pasan Afrodita y Adonis]
No estaba seguro de cómo pasó, cuando
quiso darse cuenta tenía a la gran Afrodita delante de él. Analizándolo,
estudiándolo y, juraría que incluso lo deseaba.
-Se… Señora Afrodita-
es lo único que pudo decir, y como no, aquella mujer le imponía, respeto,
dolor, pasión, amor… Demasiadas cosas.
-Tu eres Adonis,
¿no?- sin duda aquel muchacho había crecido bien, y muy bien además,
sus deseos de que fuera uno de sus “juguetitos” iba creciendo por momentos.
-Así es señora, ¿qué le trae
al inframundo? Dudo que sea una parada de visita, ya que me dejó aquí después
de causar la catástrofe en mi familia- sus palabras eran puro veneno,
Perséfone le contó su historia cuando empezó a florecer, ingenuo, que solo
deseaba que odiara a la diosa para poder quedarse con él.
Ella no dijo nada, no lo necesitaba, sabía
y comprendía su odio hacia ella, pero jamás hubiera permitido que un simple
mortal saliera airoso después de semejante desplante ante ella respecto a la
belleza. Con pasos ágiles y sigilosos caminó a su alrededor, observándole, de
arriba abajo, como quien inspecciona la comida o la ropa antes de darle el
visto bueno.
-Eres muy hermoso… Pero
contén tu veneno chico, si no hubiese intervenido con tu familia tú ahora mismo
ni siquiera existirías. Además, también fue misericordiosa y permití que vivieras
llevándote con Perséfone, no sé que habrá dicho aquella reina del inframundo
pero…- se paró frente a él-Vengo a por lo que es
mío.
Y con aquel susurro se apoderó de sus
labios, Adonis ya no pudo pensar, ni siquiera actuar, sus labios eran algo que
jamás pensó que serían, cálidos y agradables. Las manos de él bajaron hasta su
cintura apoderándose de su cuerpo, acercándolo, para poder sentirlo y degustarlo.
Ni siquiera supo cuando llegaron al que era el cuarto de él, solo era
consciente de la diosa que tenía bajo sus brazos y que gemía su nombre cada vez
que él tocaba, besaba o mordía alguna zona sensible.
Cuando sus cuerpos se unieron en uno solo
calló en la cuenta que jamás podría escapar de aquella diosa, acababa de caer
en sus garras y, aunque debía odiarlo después de todo el daño que hizo a sus
padres no pudo, le gustaba, adoraba aquello y, así, Adonis terminó enamorado
del amor.
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