[Relato de ask dónde me piden que explique como Hefesto violó a Afrodita (trama que se usó para el castigo de Afrodita niña de 5 años)]
Estaba demasiado aturdida, demasiado dolida y triste para
saber que pasaba a su alrededor o notar la presencia de aquella persona a la
que debía evitar a toda costa.
- Afrodita…- demasiado tarde, aquella voz le hacía temblar
de puro miedo.
- Hefesto…- susurró observando sus ojos castaños que echaban
chispas de puro odio.
- Vamos…- gruñó y tiró de ella, cojeando la llevó hasta su
casa, la más apartada del Olimpo- Hola, querida esposa.
- ¿Qué quieres Hefesto…?- fue lanzada a un rincón del salón,
sabía que era inútil huir, nadie le ayudaría.
- Solo quiero hablar con mi querida esposa, hace muchos
siglos que no nos vemos querida- aquella última palabra la dijo con asco y
desdén mientras tiraba de su pelo- Dime… Querida esposa, ¿sigues viéndote con
el cabrón de mi hermano?
Nadie debía saber lo de Ares y Hímero, era consciente de ello,
y con una sonrisa cínica le miró, desafiante.
- Por supuesto que sigo viéndome con él, ¿acaso creías que
lo dejaría porque nos descubriste?- ríe irónica, pero aquella sonrisa duró poco
porque recibió el impacto de un puñetazo en toda la cara aturdiéndola.
- Maldita pequeña zorra…
Ahí empezó todo, era sin duda un gran dios herrero, se
encargó de usar todas las armas no mortales contra ella, a cada latigazo notaba
como su carne se desgarraba, se notaba llena de sangre y moratones en zonas que
nadie vería si ella no enseñaba y podía oírle a él gruñir y decir con cada
golpe “no eres nadie, solo eres una maldita zorra que tiene un buen polvo”.
Cuando se sintió satisfecho de pegarla con saña con todo lo que tenía a mano la
empotró contra la pared sin compasión alguna y la violó, la violencia fue tan
que sentía que se desgarraba y sangraba con cada estocada, quería defenderse
pero estaba demasiado agotada, su espalda estaba en carne viva, sangraba a
borbotones, le costaba mantener la conciencia.
“Hime…” su único pensamiento era él, en aquellos momentos
realmente pensaba que iba a morir y lo que más le dolía no era lo que estaba
sufriendo, sino que lo último que vio de su hijo fue odio y deseos de matarla,
ella no quería que eso pasara, una lagrima asomó por su cara, la primera de
aquella larga tarde y fue al recordar una y otra vez la mirada de su hijo, no
podía quitárselo de su cabeza.
Una vez Hefesto quedó satisfecho la tiró al suelo, como si
fuera una muñeca.
- Siempre es un placer pasar tiempo contigo querida esposa-
con una risa retorcida se fue de allí, dejándola sola, desnuda, magullada,
herida y en su propio charco de sangre.
Se levantó como buenamente pudo, se limpió la sangre, al
menos hasta donde llegaba, se vistió y salió con la cabeza bien alta, como si
la masacre que acababa de cometerse no hubiera pasado, siguió andado sabiendo
que había hecho bien, había protegido la relación de Ares y Hímero al menos un
tiempo más, y aquello era suficiente para soportar el dolor.
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