domingo, 12 de enero de 2014

El castigo de Hefesto [Trama]

[Relato de ask dónde me piden que explique como Hefesto violó a Afrodita (trama que se usó para el castigo de Afrodita niña de 5 años)]


Estaba demasiado aturdida, demasiado dolida y triste para saber que pasaba a su alrededor o notar la presencia de aquella persona a la que debía evitar a toda costa.

- Afrodita…- demasiado tarde, aquella voz le hacía temblar de puro miedo.
- Hefesto…- susurró observando sus ojos castaños que echaban chispas de puro odio.
- Vamos…- gruñó y tiró de ella, cojeando la llevó hasta su casa, la más apartada del Olimpo- Hola, querida esposa.
- ¿Qué quieres Hefesto…?- fue lanzada a un rincón del salón, sabía que era inútil huir, nadie le ayudaría.
- Solo quiero hablar con mi querida esposa, hace muchos siglos que no nos vemos querida- aquella última palabra la dijo con asco y desdén mientras tiraba de su pelo- Dime… Querida esposa, ¿sigues viéndote con el cabrón de mi hermano?

Nadie debía saber lo de Ares y Hímero, era consciente de ello, y con una sonrisa cínica le miró, desafiante.

- Por supuesto que sigo viéndome con él, ¿acaso creías que lo dejaría porque nos descubriste?- ríe irónica, pero aquella sonrisa duró poco porque recibió el impacto de un puñetazo en toda la cara aturdiéndola.
- Maldita pequeña zorra…

Ahí empezó todo, era sin duda un gran dios herrero, se encargó de usar todas las armas no mortales contra ella, a cada latigazo notaba como su carne se desgarraba, se notaba llena de sangre y moratones en zonas que nadie vería si ella no enseñaba y podía oírle a él gruñir y decir con cada golpe “no eres nadie, solo eres una maldita zorra que tiene un buen polvo”. Cuando se sintió satisfecho de pegarla con saña con todo lo que tenía a mano la empotró contra la pared sin compasión alguna y la violó, la violencia fue tan que sentía que se desgarraba y sangraba con cada estocada, quería defenderse pero estaba demasiado agotada, su espalda estaba en carne viva, sangraba a borbotones, le costaba mantener la conciencia.


Hime…” su único pensamiento era él, en aquellos momentos realmente pensaba que iba a morir y lo que más le dolía no era lo que estaba sufriendo, sino que lo último que vio de su hijo fue odio y deseos de matarla, ella no quería que eso pasara, una lagrima asomó por su cara, la primera de aquella larga tarde y fue al recordar una y otra vez la mirada de su hijo, no podía quitárselo de su cabeza.

Una vez Hefesto quedó satisfecho la tiró al suelo, como si fuera una muñeca.

- Siempre es un placer pasar tiempo contigo querida esposa- con una risa retorcida se fue de allí, dejándola sola, desnuda, magullada, herida y en su propio charco de sangre.


Se levantó como buenamente pudo, se limpió la sangre, al menos hasta donde llegaba, se vistió y salió con la cabeza bien alta, como si la masacre que acababa de cometerse no hubiera pasado, siguió andado sabiendo que había hecho bien, había protegido la relación de Ares y Hímero al menos un tiempo más, y aquello era suficiente para soportar el dolor.

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