jueves, 16 de enero de 2014

Verdades que duelen.[Trama]

[Relato basado en la trama actual pedido por ask sobre como se siente Afrodita con los nuevos acontecimientos y un encuentro con Cronos]

Algo no iba bien, lo notaba, podía sentir como si algo dentro de  ella se rompía, pensaba que aquello sería por las disputas con su hijo, pero nunca pensó que algo le pasaría. Después de que le dijeran que aquello que se rumoreaba era cierto sintió que volvía a perder la vida, y, otra vez, por él. Le afectó demasiado, perder por segunda vez a su hijo era demasiado duro para ella, y para su mala suerte las últimas palabras que le dijo rondaban en su mente una y otra vez “Ni te acerques a mi Hímero, olvídate de que soy tu madre, y que te vaya bien con Ares”


Dioses, quería morirse, y no, no metafóricamente, de verdad quería morirse, para añadir más leña al fuego podía oír los sentimientos de Ares a gritos estuviera donde estuviera. Oírle gritar por dentro, llorar hasta que no le quedaran más lágrimas y empezar a llorar lágrimas de sangre no le hacía bien, estaba cansada, agotada y débil. No quería hacer nada, Horcus intentaba animarla, y lo conseguía, pero, cuando se quedaba sola podía oírlo, podía oír a su pequeño que lloraba junto al llanto de Ares.

Poco a poco iba mejorando, pero, como un bache más, tuvo tal pelea con Horcus que sintió que el único apoyo que le alegraba aquella existencia que estaba teniendo desaparecía, esa noche la pasó horrible, sabía que no podría dormir, seguía escuchando llantos en su corazón y hasta juraría que los sentimientos buenos y puros iban desapareciendo. Cansada y agotada se fue a su casa de Chipre, allí eran los únicos recuerdos bonitos que no estaban manchados por engaños o peleas, recorrió la vacía casa mientras recordaba como su pequeño jugaba por ahí con su risa angelical y revoloteando por todos lados, lloró, como hacía mucho que no lloraba, con el alma desgarrada ya por completo, intentado que aquellos sentimientos malos salieran de su pecho al menos, durante un tiempo. Empezó a sentirse cansada y los ojos le pesaban.

-Morfeo…-susurró- No quiero dormir…          
   
Demasiado tarde, cayó al suelo dormida, y ahí, empezaron las pesadillas que había intentado evitar todo este tiempo, en el claro dónde jugaba con Hímero oyó unos pasos, conocía muy bien ese andar, sabía quién era y, en esos momentos no sabía si venía a reconfortarla o, por el contrario, a reñirle como la última vez y decirle que era una mala madre.

-Buenas noches, mi querida Afodita- su voz hizo que se le erizara la piel, notó como se sentaba a su lado y le sonreía mientras cogía su mano.
-Cronos- susurró ella con una leve inclinación, ya no era más “su rey” como lo llamaba en antaño- ¿Qué te trae por aquí?
-Verte querida mía, es lo único que me alegra esta cruel existencia- se llevo la mano a la boca y la beso, con la misma ternura, pasión y devoción que le profesaba siempre.
-No estoy de humor Cronos, si vienes a acusarme de algo adelante, solo quiero despertar de este sueño- algo fría apartó la mano, pero él rápidamente la cogió de nuevo, acariciándola.
-Mi vida- susurró intentado que le viera a los ojos- No vengo a acusarte, solo a consolarte e intentar que abras los ojos.
-Ya los tengo bien abierto- se giró para verle, la única persona que la conocía bien, desde siempre y a la que no podía mentir nunca era él.
-Estás pálida y más delgada, seguro que no te alimentas- su mano pasó a la mejilla de ella notándola fría y áspera, suspiró ante aquello- Me destroza verte así.
-Esto es lo que causa sonreír siempre Cronos- le acusó, tanto tiempo sonriendo y guardando las cosas han acabado consumiéndola por completo.
-Esa no es la causa- negó leve, tranquilo, llevando la situación de forma calmada y pausada- La causa es la traición de tus hijos.
-¿Mis hijos?- estaba tan cansada que ni fuerzas para pelear tenía.
-Sí, cariño mío, tus hijos, todos y cada uno de ellos. Te han traicionado todos, tu, que les distes la vida y el amor de madre incondicional, aceptándolos y protegiéndolos. ¿Y qué te dan ellos? Desprecio, odio e indiferencia.
-No es así… Ellos me quieren- susurró, no estaba muy convencida de sus palabras.
-¿De verdad? Porque solo veo unos hijos que te abandonan, te dejan de lado y te acusan de cosas que has hecho. ¿Y el mayor? Ese es el peor- aquellas palabras eran puro veneno y odio camuflado- Él, el que debía haberte protegido como tú lo hiciste te dejó de lado, dando pena por el Olimpo porque, oh, el pobre estaba enamorado del amante de su madre, haciéndose la víctima cuando, por dentro, sentía rabia y celos por ti, deseando ser él el que ocupara el lecho de Ares. Y lo consiguió, y todos le felicitaron, porque mientras tú hacías el papel de madre ¿sabes que hacía él? Ir de colegas con sus hermanos, haciendo que todos se pusieran en tu contra y fueran a consolarlo cada vez que te ibas con Ares. Odiándote por hacerle ese daño a tu hijo.
-¡BASTA!- grito al borde del llanto, intentado moverse y huir, más no podía- ¡Para de una vez!
-Es la verdad Afrodita- hizo que le mirara, estaba serio, enfadado, pero no con ella, sino con todos aquellos que se atrevieron a dañar a su querida diosa- Todos te odian, no lloraron por tu perdida cuando Ares lo eligió a él, al contrario, la celebraron y ni uno fue a consolarte. Cuando Ares fue mujer bien que te acusaron de hacerle eso, incluso el mayor, loco de rabia fue a matarte, a ti Afrodita, a su madre, la única mujer que lo amaría fuera como fuera. Luego está Hefesto, aquel desgraciado que se atrevió a dañar tu cuerpo. ¿Qué hicieron? Nada, cuando Hímero hacia tal cosa con él todos iban, intentaban animarlo y le consolaban diciendo que no tendría que hacer tales cosas, que debías ser descubierta por él por ser una infiel.
-Para…- susurró ya llorando y con la voz quebrada, le estaban matando sus palabras, porque aunque lo intentara negar, era la verdad- Por favor.
-Después el castigo de Zeus, recuerdas bien aquella infancia, ¿con quién estaba Hímero? Con Ares, ¿Qué hacía? Alejarlo de ti, otra vez, haciendo que lo añorara, dejándote sola, con cinco años y sintiendo que nada iba bien, porque Horcus, otro que se supone te quiere no podía ni verte siendo una niña, estabas sola, el que era tu “padre” solo pensaba en él, no pasaba tiempo contigo, justo como cuando eráis adultos. Luego vino la verdad, ¿y qué pasó?  Un dios inferior te usó de carnaza, te volvieron a marcar- sus manos rozaron la aún cicatriz en el cuello, estaba haciendo grandes esfuerzos por controlarse y no enfadarse delante de ella, no quería que lo viera así- ¿Alguien hizo algo? No, lo único que decían es que tú les dijiste que no hicieran nada, como con Hefesto ¿y ya está? ¿Eso te impidió a ti ir al Tártaro a sacar a tu hijo cuando fue castigado por Zeus por lo de Hefesto? No, fuiste, aún sabiendo que serías descubierta y te castigarían.
-¿Por qué haces esto?- susurró en un mar de lágrimas, temblando, en esos momentos era aún más frágil, y él, destrozado por verla así la acunó en sus brazos, deseando salir de aquella cárcel para destrozar a aquellos que la destrozaban a ella ahora.
-Porque te amo Afrodita, y me duele verte así, queriendo sonreírme cuando vienes a verme y hacerme olvidar, al menos un rato, la tortura que paso allí arriba. Y todos, en vez de valorar todas las cosas buenas que tienes solo te recriminan por momentos malos. Has sido obligada a hacer muchas cosas que no deseabas, y, por intentar ser feliz aún después de estar casada con alguien que no amas te ningunean, cuando todos los casados han tenido sus aventuras. Todo lo que has hecho ha sido por amor ¿y cómo te lo agradecen? Dándote la patada y no valorando lo que haces.

Ya no tenía fuerzas para hablar, demasiado agotada y cansada, demasiadas cosas, muy poco tiempo para poder asimilar todo lo que le vino de golpe, auto culpas, enfados, deseos de odiar sin poder hacerlo. Solo quería descansar, cerrar los ojos y dormir profundamente y en paz y no volver a abrirlos.

-No estás sola, estoy aquí, contigo, puedes confiar en mí- susurró besando su pelo, aquel que tanto añoraba y que poco a poco iba perdiendo su brillo y suavidad- Te lo juro, cuando salga de aquí te daré todo lo que te mereces.
-No jures así u Horcus se llevará tu alma- susurra, decía aquella broma tanto que está vez le salió automático y pudo notar cómo se tensaba- Lo siento… Ha sido de forma involuntaria.
-No pasa nada- le cogió por ambas mejillas, acariciándolas mirando sus ojos- No sabes cómo añoro hacerte mía.
-Cronos- intentó soltarse, más no tuvo éxito- ambos sabemos que eso se acabó. Solo sientes rencor por Rea y lo que hizo, pero tú la amas, lo nuestro solo fue un cúmulo de sentimientos que desprendía.
-No es así Afrodita, lo que más deseo es hacerte mi reina, mía, cuando te vi por primera vez tuve ese mismo pensamiento, pero, como yo ya estaba desposado con Rea solo pude hacer una cosa, dejar bien claro a todos que serías mía- sus labios se acercaron a los de ella, deseando besarla, ella, por otra parte, se sentía tan abrumada por su franqueza que le permitió el beso. Pero enseguida lo cortó y él suspiró- Nadie de los que están ahí fuera te merece, ni Ares, que dijo profesar tanto amor por ti y lo único que hace es tirar a la basura tus sentimientos por él y gozar como un cabrón como tu hijo, sin escrúpulos. Tus hijos te merecen aún menos después de lo ocurrido y como te han tratado todo este tiempo, y no hablo de solo ahora, sino también del pasado, solo agradeciendo tus actos cuando les afectaba en primera persona y para bien. Y Horcus… Ese no merece ni una sola cara triste tuya, aquel que solo te usa para olvidar a Diké.
-Ya basta Cronos…- cansada de oírle le miró con toda la seriedad y frialdad que pudo.
-Está bien, ya me voy. Solo, no olvides nunca que soy capaz y haré cualquier cosa por ti, y me vengaré, me vengaré de todos aquellos que te han hecho sufrir y que tu corazón y alma estén tan negros ahora.

Con un último beso se fue de allí, todo se volvió negro y, cuando volvió a ver la luz se encontraba en la casa de Chipre, tumbada en el suelo. Todo aquello le dolía demasiado, ahora sí que sería como un muñeco sin corazón, porque este, lo poco que se sostenía, fue destrozado por las palabras verdaderas de Cronos. Estaba sola, nadie le daba ni la mitad de lo que ella había dad, con este pensamiento se levantó del suelo  y salió de la casa, porque aquellos que creía eran los únicos recuerdos no manchados ahora lo estaban.

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