[Relato en ask dónde se me pide que explique el día en el que Hime se perdió por culpa de las ninfas que no lo querían, relato escrito entre yo y user Hímero para ponernos de acuerdo en algunos aspectos]
Aquella mañana me levanté más temprano de lo habitual y
encontré a mi pequeño Hímero acurrucado a un lado de la cama, con una sonrisa
le acaricié su pequeño y dulce rostro antes de besarlo en la frente.
- Mamá se va a trabajar temprano amor- susurré aunque sabía
que no me oiría.
Con cuidado me levanté, les encargué a mi pequeño a las
ninfas, ilusa, creyendo que ellas lo adoraban tanto como yo.
- ¿Porqué se despierta tan temprano mi señora?- me preguntó
Zafina preparándome el desayuno.
- Cuanto antes termine antes podré estar con mi pequeño
Zafina- sonreí, más ilusa aún al no ver sus muecas de asco cuando hablaba de
él.
- Debería tener una vida normal mi señora, no lleva ni 10
años en este mundo y ya es madre negándose los placeres carnales que usted
concede.
- Disfruto de todo placer carnal a mi alcance Zafina.
Después de aquella charla corta rápidamente me ocupé de mis
labores, compré pinceles para mi gran artista e hice una lista de las cosas que
podíamos hacer aquel día. Cuál fue mi sorpresa que no se encontraba en casa, me
alarmé pero las ninfas me dijeron que estaba en el bosque jugando con Zafina y
me relajé, ¿cómo podía pasarle algo malo con alguien que se suponía “adoraba” a
mi pequeño ángel como yo? Simplemente aproveché para adelantar trabajo, quien
sabe, con suerte mañana podría llevarlo a ese claro que tanto le gustaba. La
puerta del despachó sonó y oliendo de quien se trataba le dejé pasar.
- Buenas tardes mi rey- aún liada con el papeleo solo pude
levantarme para darle un leve beso y volver al trabajo.
- ¿Aún tenéis tanto trabajo pendiente mi querida Afrodita?
- Solo adelanto trabajo, me gustaría tener más tiempo libre
para mi pequeño- dejé de lado el papeleo para verle.
- Afrodita… ¿Cuánto tiempo llevas en este mundo?- se acercó
a mí, cogiendo mis manos entre las suyas, acariciándolas.
- Llevo 4 años mi rey.
- Deberías ser como el pequeño Hímero, un niño sin tantas
preocupaciones- señala el montón de papeles.
- Soy feliz con esta vida mi rey.
Sin más que decirme y sabiendo que ese día quería pasarlo
con Hímero se despidió. Las horas pasaban y no regresaba, empecé a preocuparme
mandando a mis ninfas para que lo buscaran a él y a Zafina, por si había
ocurrido algo, una hora después regresaron con Zafina pero sin Hime.
- Mi señora- me susurró ella, parecía afligida y yo pensé lo
peor.
- ¿Qué ha ocurrido Zafina? ¿Dónde está Hímero?- alcé la voz,
potente, demostrando quien mandaba allí y asustando a las ninfas.
- Mi señora él… Bueno se me escapó de vista unos segundos y
no sé dónde se haya…
Puse el grito al cielo, mandé a todas a buscarlo de
inmediato, yo me quedé, por si mi pequeño regresaba que no se asustara al no
ver a nadie. Grande fue mi sorpresa al oír unas risas en la bodega, silenciosa
y cuidadosa me acerqué para oír claramente lo que decían las ninfas que
“buscaban” a Hímero por todos lados.
- ¿Qué le diremos a nuestra señora?
- Sencillo, le diremos que no lo hemos encontrado, a ver si
con suerte se olvida de esa pequeña bola con patas.
- Por culpa de “eso” nuestra señora no vive nada.
Con eso oí suficiente, muy enfadada las encerré, ya me
encargaría de ellas, primero debía buscar a mi pequeño. Muy entrada la noche lo
encontré en el claro, le llamé a gritos y corrí a su busca realmente aliviada
de encontrarlo.
- Mami, por fin has venido- logró decirme en un susurro-
pero ya no podemos jugar... Es muy tarde.
- Lo siento cariño- aunque aquellas palabras me “mataron” le
sonreí con dulzura- Mamá tuvo trabajo, pero mañana jugaremos.
Mi pequeño asintió y lo cogí en brazos, se desmayó cansado,
ya se enterarían esas cuando llegara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario