sábado, 11 de enero de 2014

Su primer hombre, Cronos, dios del tiempo.

Cuando nací lo primero que sentí fue frío, me hallaba desnuda en una playa que no conocía, pero poco duró aquello ya que rápidamente me llevaron a Chipre, lugar predilecto donde siguen adorándome. Después de ataviarme con las mejores sedas me comunicaron de dónde había nacido y, comprendí quien era. Afrodita, hija del cruel Urano, diosa del amor, la lujuria y el sexo. Además de la sorpresa de que estaba embarazada de mi primer hijo. 
No tuve mucha suerte al principio la verdad, los demás titanes eran reacios a acercarse a mi por temor a que me pareciera a mi padre, y enseguida los comentarios de que podría derrocar a Cronos, mi hermano, se desperdigaron por el Olimpo y, como no, Cronos me llamó. Grande fue mi sorpresa al verlo por primera vez en su trono de rey de reyes, muchas veces me contaron como él, siendo el más pequeño se enfrentó al tirano de su padre y consiguió derrocarlo.


- Sin duda alguna, vos sois Afrodita- se levantó de su trono y, sin vacilación se acercó a mi, analizándome, dando vueltas alrededor y observándome de arriba a abajo- Sois hermosa Afrodita.
- Muchas gracias señor, pero, eso es algo que yo ya sabía desde que nací.- su risa inundó el lugar, y por alguna razón me alegré a la vez que me asusté.
- Puedo observar que nuestra diosa Afrodita tiene vanidad- sus manos rozaron mi pelo y sentí que el aire me faltaba en los pulmones- tenéis una caballera extremadamente suave y hermosa Afrodita.
- Es muy amable señor, pero... Dudo que solo me hayáis llamado para ver mi cabellera, ¿me equivoco?- ladeé mi cabeza y pude observar que seguía tocándola y oliéndola.
- Directa al punto en cuestión, me agrada eso- se separó de mi para volver a su trono y observarme desde allí- ¿Sois consciente de que los titanes son reacios a estar con vos? Además de las habladurías, por supuesto.
- Lo soy, señor, pero os puedo asegura que en ningún momento intentaría atacaros, he oído historias de él y os puedo asegura que mi parecido con él es nulo.
- Se que no lo sois, mi querida Afrodita- aquella fue la primera de muchas veces que me llamaba así, después me indicó que podía retirarme y así lo hice.

Salí de allí rápida y veloz, con un cúmulo de sentimientos que no sabía explicar, curioso, siendo que era. El tiempo pasó, y enseguida fue bendecida con el nacimiento de mi pequeño Hímero, para esas fechas ya todos me aceptaban y descubrieron que no era ni un ápice como Urano, todos vinieron para darle la bienvenida al pequeño y felicitarme a mi, todos menos él. No le di mucha importancia, siendo quien era estaba ocupado, y yo no era tan importante como para verlo siempre.
Dos años después de dar a luz a Hímero, en un claro dónde a ambos nos gustaba jugar lo vi otra vez, se acerca a nosotros, con esos pasos que hacían temblar la tierra e hincar la rodilla a todo aquel que estuviera en su camino.

- Seguís tan hermosa como el primer día mi querida Afrodita- me sonrió y enseguida puso la atención al pequeño en mis brazos- ¿vuestro hijo?
- Sí, se llama Hímero- el pequeño reía por las carantoñas que él le hacía y yo no pude evitar sonreír por aquello.
- Es casi tan hermoso como vos- su vista volvió a mi, analizándome, como hizo aquella vez en su trono- ¿Como habéis estado?
- Muy bien señor, pasando gran parte de mi tiempo en Chipre y cuidando a mi hijo. ¿Y vos señor?
- Ocupado también, pero deseando volver a veros- cogió a Hímero en brazos y lo dejó en el suelo para que jugara solo, el pequeño se fue unos pasos alejados y nos dejó completamente solos- Y deseando volver a admirar vuestra belleza.

No se como pasó, pero cuando quise darme cuenta sus labios se posaban sobre los míos, y, oh dioses... Aquello era mejor que la ambrosía. Después de aquel día se pasaba prácticamente todos los días por casa o dónde estuviéramos, enseñaba a Hímero a luchar y, cuando este nos dejaba solos él se encargaba de darme caricias y besos mientras me susurraba hermosas palabras al oído. 
Una noche, mi pequeño, que siempre dormía conmigo, decidió dormir solo y, mientras yo esperaba conciliar el sueño noté la presencia de alguien en mi cuarto, rápidamente me relajé al notar quien era pero también me preocupé por si había pasado algo.

- ¿Que hacéis aquí señor?- me levanté y me acerqué a él, olvidando mi desnudez y preocupada- ¿Ha ocurrido algo?
- No ha ocurrido nada mi querida Afrodita- su sonrisa me tranquilizó, pero su mirada en mi cuerpo hizo que me ruborizara por completo- Ya no puedo contener más estos deseos...
- ¿Deseos...?- y en ese precioso instante lo noté, sus deseo hacía mi, de poseerme y de hacerme suya por completo, mis pezones empezaron a endurecerse ante la idea y, con paso decidido me acerqué a él tanto que estos rozaba su pecho- Podéis poseerme si deseáis, soy toda vuestra, mi señor.

Aquella noche fue la primera para mi, desde que nací nadie se acercaba por ser quien era, y después, cuando el embarazo empezó a notarse nadie quería hacerlo "por daño al bebé" según decían los hombres, ahora, con el tiempo, pienso que Cronos dejó bien claro que yo era suya y que nadie podía tocarme. Me lo demostró esa noche, entre las sábanas de seda, que era suya, que haría que mi cuerpo lo anhelara y que no deseara a nadie más, fue al "mágico" e inolvidable. Después de aquello todas las noches venía a verme, sacando mi lado lujurioso en cada embestida y gemido que daba.
Una noche de tantas, antes de volver con su esposa me dijo algo que me marcó para toda la eternidad.

- Debéis sonreír siempre mi querida Afrodita- sus manos acariciaban mi larga cabellera mientras a veces dejaba pequeños besos en esta.
- Pero… Hay momentos en los que sonreír es imposible mi señor- aquello era algo que no entendía.
- Nadie debe saber cuan triste o sola estáis querida mía, podrían aprovecharlo en vuestra contra y vos sois hermana del gran Cronos y, como tal, debéis ser fuerte y respetada.
- ¿Y los momentos en los que esté triste…?
- En esos momentos más que nunca debéis sonreír y dejar que todos admiren vuestra hermosa sonrisa, debéis prometérmelo, pase lo que pase no os mostréis débil mi querida Afrodita.
- Se lo prometo mi señor.

Después de aquello las cosas fueron empeorando, Cronos fue advertido de que alguno de sus hijos le derrocaría y cada vez que Rea daba a luz este se los comía, veía conspiración en cada esquina y en cada cuarto y nuestra “relación” fue decayendo cada vez más, mientras tanto mi querido y adorado Hime creció convirtiéndose en un gran hombre el cual me amaba y protegía. Y, como siempre, las predicciones se hicieron realidad y, el temido día llegó. Zeus volvió para acabar con su padre, las mujeres fuimos puestas a salvo desde una zona donde se observaba todo y mientras veía como mi pobre hermano era derrocado por sus hijos no pude mostrar ni un signo de tristeza más por dentro sentía que moría lentamente, su juicio fue expuesto y terminó encerrado en el Tártaro, antes de ser llevado sus ojos se posaron en los míos y recordando sus palabras sonreí, como si aquello me alegrara de sobremanera, él también sonrió orgulloso de mi y de mi sonrisa y pude ver como decía.

- Adiós mi amada y querida Afrodita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario