[Relato donde me piden cuando Afrodita vio por primera vez a Macaria]
El nacimiento de Macaria fue una noticia que llenó de emoción a unos y de terror a otros, la pequeña de los reyes del inframundo sería una consentida princesita que tendría todo lo que deseaba antes de siquiera pedirlo y ella, como consentida número uno del Olimpo, no tardó en hacer la visita oficial para ver a la pequeña y dar la enhorabuena a los padres.
En su pequeña cuna estaba dormida mientras Perséfone le tarareaba una canción y a Hades se le caía la baba mientras la observaba, eran cosas que se veían pocas veces, pero que siempre pasaban, ser padre era una bendición y, aunque al principio aterraba cuando observabas a la pequeña criatura que llevaba tu sangre se te iban todos los pesares y miedos. Con pasos cautelosos se acercó a la cuna después de el saludo y la felicitación estandar que daba a todos los padres primerizos, ella estaba más curiosa por la pequeña que por ellos, a los que había visto crecer- aunque con Hades no literalmente-, la pequeña abrió los ojos y le sonrió, como si ya la conociera o supiera quien era, Afrodita también sonrió y le entregó un pequeño peluche de esos mortales que les encantaban, esta lo cogió con sus pequeñas manitas y lo empezó a babear.
-Bienvenida al mundo princesa Macaria.- y, con aquellas palabras y una bendición para que creciera sana y fuerte se fue de allí de la misma forma que vino.
En su pequeña cuna estaba dormida mientras Perséfone le tarareaba una canción y a Hades se le caía la baba mientras la observaba, eran cosas que se veían pocas veces, pero que siempre pasaban, ser padre era una bendición y, aunque al principio aterraba cuando observabas a la pequeña criatura que llevaba tu sangre se te iban todos los pesares y miedos. Con pasos cautelosos se acercó a la cuna después de el saludo y la felicitación estandar que daba a todos los padres primerizos, ella estaba más curiosa por la pequeña que por ellos, a los que había visto crecer- aunque con Hades no literalmente-, la pequeña abrió los ojos y le sonrió, como si ya la conociera o supiera quien era, Afrodita también sonrió y le entregó un pequeño peluche de esos mortales que les encantaban, esta lo cogió con sus pequeñas manitas y lo empezó a babear.
-Bienvenida al mundo princesa Macaria.- y, con aquellas palabras y una bendición para que creciera sana y fuerte se fue de allí de la misma forma que vino.
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