[Relato donde mi piden un momento romántico Horcus y Afrodita en el 1800 y que ninguno recuerda]
Londres, una ciudad llena de humo y con niebla, misteriosa y fría, Afrodita caminaba por la ciudad como si la conociera de principio a fin, así era en realidad, con andares sinuosos y perfectos llegó a una pequeña tetería donde había quedado con su cita de aquella tarde.
Cuando entró lo divisó en una de las mesas más escondidas y privadas del lugar y, sin pensarlo, fue directo allí.
Cuando entró lo divisó en una de las mesas más escondidas y privadas del lugar y, sin pensarlo, fue directo allí.
-Hola Horcus...- susurró saludando como el protocolo mandaba en aquella época.
-Afrodita...- se levantó, se inclinó y besó su mano dejando esta ardiendo por una pasión oculta- Pensé que ya no vendrías.
-Una dama siempre llega elegantemente tarde, querido.- el camarero enseguida les atendió y ambos hicieron su pedido.
-¿Acaso usted es una dama?- sonrió burlón, a veces le gustaba demasiado jugar con fuego.
-Soy una dama donde debo y una señorita de las calles en la cama y donde no es la cama, querido.- le regaló una sonrisa, cosas peores le habían dicho y él, era una tentación demasiado grande como para enfadarse por aquel comentario. Más si su propósito era demostrarle que no era precisamente una dama en algunos aspectos.
Lo que ocurrió después fue un misterio, el camarero trajo el té y las pastas, ambos no hablaron nada, solo se observaban mientras bebían y comían, aunque Horcus menos y, en algún momento alguno comentó que aquello de tomar el té, podría significar algo más erótico. Lo siguiente que pasó es que ambos estaban en una cama de dioses sabe donde estallando de pasión y recorriendo el cuerpo del otro con caricias, besos y mordiscos.
Cuando toda la pasión acabó se quedaron mirando el techo con la respiración entrecortada, intentado averiguar que había pasado y porqué.
-¿Porqué me mandaste llamar ahí..?- preguntó entrecortada cuando una frase coherente salió de sus labios.
-No lo se...- respondió sincero- Pero esto no ha pasado nunca.
Y, como un vendaval después de amezarle salió de la cama, se vistió y desapareció del lugar. Y así fue, ninguno de los dos recordó nada y, aquel desliz de 1800 en Londre nunca ocurrió para ellos.
Cuando toda la pasión acabó se quedaron mirando el techo con la respiración entrecortada, intentado averiguar que había pasado y porqué.
-¿Porqué me mandaste llamar ahí..?- preguntó entrecortada cuando una frase coherente salió de sus labios.
-No lo se...- respondió sincero- Pero esto no ha pasado nunca.
Y, como un vendaval después de amezarle salió de la cama, se vistió y desapareció del lugar. Y así fue, ninguno de los dos recordó nada y, aquel desliz de 1800 en Londre nunca ocurrió para ellos.
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