domingo, 13 de abril de 2014

Tweelonger

[No se que ocurre pero no se lee en Tweelonger así que lo cuelgo aquí]

Salió directa al Tártaro, el único lugar que podía considerar su casa. Pero no quería ir donde Horcus, no, no quería que la viera así, con el pelo corto, negro como el carbón y el odio que tenía dentro. Él no debía ver aquello, porque pensaría que el embarazo de aquel bastardo le dolía por amor... Cuando en realidad era su ego el que había salido.

Siguió caminando y caminando sin rumbo fijo, debía relajarse, eso antes que nada, calmarse, que su pelo volviera a ser el de antes y, puede que ya así, volviera a casa a buscar algo de paz. Más, sus delirios seguían, el daño era demasiado grande, demasiadas cicatrices que no dejaban sanar porque siempre pasaba algo, una y otra vez. Estaba cansada, ella era el amor, no debía odiar, no debía estar enfadada, pero lo estaba continuamente, y aquello, termina pasando factura.

Entonces notó algo, una locura y perturbación aún mayor que la suya, alzó la vista y unos ojos azules perturbados después de eones ahí encerrado le devolvieron la mirada.

-Cronos…- susurró aterrada dando un paso atrás, más no pudo moverse, ni supo porqué- Que… ¿Qué narices hago aquí?
-¿Acaso no es obvio mi querida Afrodita…?- sonrió torcido, un gesto demente que le erizó la piel y le dieron nauseas- Tu cuerpo ha venido a mí de todo el enfado que tienes encima.

Frunció el ceño, aquello no le gustaba nada, debía de salir ya de ahí, pero no podía, sus piernas no respondían y su menté aún estaba perturbada por los acontecimientos ocurridos.

-¿Qué ha pasado? ¿Tu querido angelito te ha vuelto a dañar?- una risa desquiciada inundó aquella zona del Tártaro- Te lo dije Afrodita, te dije que tus hijos solo te dañarían y te darían la patada.
-Déjame en paz Cronos, no estoy de humor para tus charlas- dado que lo único que podía mover era del torso para arriba se cruzó de brazos- No sé que me habrás hecho, pero déjame salir de aquí.
-No lo haré- dijo firme y serio acercándose por completo a los barrotes para que le viera bien, aunque tenía ese deje de locura se le notaba triste- Ya no vienes a visitarme…
-No quiero verte más Cronos, a ambos nos hace mal vernos- reconocer, una ráfaga de aire llegó al lugar y las antorchas la iluminaron dejando ver el claro anillo que tenía en su mano
-¿Qué es eso?- el odio empezaba a inundar el cuerpo de Cronos mientras veía aquel anillo- ¿Quién te ha dado eso Afrodita?
-Horcus, es una muestra de amor- y, queriendo protegerlo lo tapó temiendo que pudiera hacer algo contra él- Lo nuestro acabó hace mucho y no hay na-

Fue cortada por un gran golpe que le dieron en la cabeza, cayendo al suelo con una brecha que empezaba a sangrar.

“Pum, pum” podía oír su corazón latir. Aunque también una voz suave que parecía llamarla, intentó abrir los ojos, pero no podía.

Una luz cegadora llegó a ella y fue como verse en un espejo, pálida por la falta de sangre, con los cabellos manchados de rojo, tumbada, los ojos rojos pero sin una lágrima, ya no le quedaban más. Entonces, aquella imagen de ella misma fue transformándose en los recuerdos que tenía de Ares y Hímero, primero la vida con uno, después, con la del otro y, finalmente, la de los tres.

-¿No ves el daño que te han hecho? Cada palabra, cada sonrisa, cada caricia… Todo quedó en el pasado, Hímero que juró protegerte no lo hizo, y tú sufres las consecuencias- la voz de Cronos, como era antes, llegaba a su mente. Ella cerró los ojos no queriendo ver más- No estás sola mi querida Afrodita.
-Claro que no lo estoy… Tengo a Horcus, tengo a mis amigos, puedo vivir sin un hijo y sin el padre de algunos hijos míos-pensó, aún tenía gente, seguiría adelante, no se dejaría pisotear más. Pero entonces calló en algo, después de aquella pelea no tendría a mucha gente de su lado.
-Exacto querida, todos dirán, pobre Hímero, embarazado y así... Serás la mala de nuevo, como siempre que terminas intentando perdonarlo.
-Da igual... Habrá gente que me apoye, y aunque nadie lo haga seguro que al menos una persona sí lo hará, y ese es Horcus.
-Horcus, Horcus, Horcus… Siempre él, estoy harto de que nombre a aquel ser inferior que no te merece-la rabia y los celos empezaban a notarse en su voz-Te haré cambiar de idea.
-No lo harás- convencida esperó lo peor.

Todo volvió a estar oscuro, de golpe un fuerte dolor le atacó la cabeza, tanto, que empezó a gritar y a gritar hasta quedarse sin voz y perder el conocimiento.
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Los rayos del sol empezaron a entrar por su cuarto, con una sonrisa, Afrodita empezó a desperezarse, tanteando por la cama el cuerpo cálido que creía que estaba allí, pero no era así. Abriendo los ojos se encontró sola y suspiró.

-Otra vez se ha ido en medio de la noche…- pensó levantándose de la cama e ir al baño.

Lo primero que el espejo reflejó fueron sus ojos rojos e hinchados y la venda en la cabeza, con un suspiro empezó a quitársela notándose una gran brecha en esta y las gasas llenas de sangre, mordiéndose el labio se curó la herida.

-No pienso jugar más con las ninfas a saltar de árbol en árbol…- pensó, conteniendo el escozor que sentía- Si al menos Hime estuviera aquí podría ayudarme.

Con Hímero fuera, viendo mundo, conquistando corazones y cama de mujeres lo único que la entretenía en momentos aburridos eran las ninfas. Por desgracia, el dueño de sus suspiros y corazón le había abandonado, como cada noche, para ir con su mujer.


-Cronos…- susurró, su voz ronca después de la velada que pasaron tardaría en irse- Espero que vuelvas pronto mi rey.

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