[Trama actual donde Afrodita, dolida por una traición más de Hímero termina en el Tártaro encontrándose con Cronos. AVISO, no se parece a lo roleado dado que se hizo ayer esto.]
“Pum, pum” podía oírlo claramente el corazón de una criatura
creciendo en su interior, “pum, pum”
¿o eran sus latidos que se galopaban contra sus oídos y latían con fuerza? No estaba segura, solo sabía que aquel
sonido no salía de su cabeza, cada vez más deprisa, “pum, pum,. Pum, pum” parecía que alguien sufriría un infarto, y
entonces lo supo, no eran los latidos del bebé, eran los de la futura madre
que, nerviosa, no podía ni mirarla a la cara.
-Repite lo que has dicho otra
vez… Creo que lo he entendido mal- tuvo que traga antes de hablar por el nudo
en la garganta- ¿Tú estás que…?
-Embarazada, mamá…- apenas podía
hablar, sus nervios estaban a flor de piel en ese mismo instante, ni ella misma
creía aquello, pero era cierto, estaba embarazada.
Una risa algo extraña inundó el
lugar, no era de alegría o gracia, era una risa de una loca desquiciada, y
salía de los labios de Afrodita. Esta alzó el brazo y Hímero cerró los ojos esperando
el golpe “¡PLAF!” el sonido se oyó
claramente en la sala, pero… No la había pegado, lo sabía porque no había
sentido dolor. Abriendo los ojos se dio cuenta de que aquel golpe fue a parar
al muslo de su madre, el cual estaba completamente enrojecido y emanaba calor,
un buen golpe sin duda.
-Dioses, mamá- apresurada intentó
socorrerla más esta la apartó de ella con infinito desprecio y asco.
-No me vuelvas a llamar así en tu
vida- siseó con todo el odio y el rencor que era capaz de emanar la diosa del amor,
aquello desgarró a su hijo, más, sabía que aquello pasaría.
-No digas eso… Eres mi madre, se
que estás enfadada pero se te pasará- le miró entre desesperado y esperanzado,
suplicándole con la mirada que le perdonara, más solo recibió por parte de ella
una risa sarcástica.
-¿Se me pasará?- y ahí, en ese
tono de voz déspota y con un deje de asco lo supo, aquel tono que solo usa con
unas pocas personas, entre ellas Hera y Hefesto… Y ahora él, Hímero, estaba en
esa lista con nombres “H”- claro que se me pasará, cuando me largue de aquí y
no vuelva a veros.
Rápidamente Afrodita se levantó,
y Hímero, por impulso, hizo lo mismo, intentando retenerla, cogiéndole de la
mano, pero la otra se zafaba y no precisamente con delicadeza.
-No me vuelvas a tocar en tu vida-le
advirtió- Si me tocas, me llamas “mamá” o intentas el más mínimo contacto
conmigo te mataré.
Un escalofrío recorrió la espalda
de Hímero, jamás había visto a su madre así de enfadada, y tuvo miedo, conocía
el carácter de su madre y, sabía, que cuando esta estaba realmente enfadada
podría asustarlo hasta él, casada con la mismísima guerra.
-Ma…- cayó cuando vio sus ojos-
Por favor… Hablemos esto.
-¿Hablarlo? ¿Qué más hay que
habar? ¿Para esto querías volver a estar de buenas conmigo? ¿Para volver a darme
una puñalada y reírte en mis narices? “Oh, mamá, parte del corazón de Ares es
tuyo, y lo acepto”- recitó el discurso que hace solo unos días le había dado
con sarcasmo e infinito desprecio- Soporté que te casaras con él, que te
hicieras mujer porque echaba de menos el cuerpo femenino. No esperes que
soporte a un bastardo de ambos y que lo
quiera y cuide, porqué no pienso tolerar más cosas.
E, igual que vino se fue
rompiendo todo a su alrededor con su poder, el mosqueo era tal que no soportaba
ni aguantaría el aire del Olimpo, se fue de allí por ellos, y, gracias a los
dioses, no decidió volver. Fue directa al Tártaro, pero no deseaba que Horcus
le viera así, podría interpretarlo como que aún amaba a Ares y podría
enfadarse, y eso ahora mismo, era lo que menos deseaba.
Así que empezó a andar, su pelo
se iba oscureciendo conforme el tiempo pasaba y le daba más vueltas al asunto,
su orgullo le nublaba la razón. No podía pensar en nada más, solo sentía odio y
rencor, incluso si hablaba solo sacaría veneno.
Se llevó una gran sorpresa cuando
notó un aura aún más desquiciada que la suya, las piernas empezaron a
flaquearle, sus sentidos volvían a la normalidad poco a poco y, cuando quiso
darse cuenta estaba frente a aquella mirada que le congelaba la sangre.
-Cronos…- susurró aterrada dando
un paso atrás, más no pudo moverse, ni supo porqué- Que… ¿Qué narices hago
aquí?
-¿Acaso no es obvio mi querida
Afrodita…?- sonrió torcido, un gesto demente que le erizó la piel y le dieron
nauseas- Tu cuerpo ha venido a mí de todo el enfado que tienes encima.
Frunció el ceño, aquello no le
gustaba nada, debía de salir ya de ahí, pero no podía, sus piernas no
respondían y su menté aún estaba perturbada por los acontecimientos ocurridos.
-¿Qué ha pasado? ¿Tu querido
angelito te ha vuelto a dañar?- una risa desquiciada inundó aquella zona del
Tártaro- Te lo dije Afrodita, te dije que tus hijos solo te dañarían y te
darían la patada.
-Déjame en paz Cronos, no estoy
de humor para tus charlas- dado que lo único que podía mover era del torso para
arriba se cruzó de brazos- No sé que me habrás hecho, pero déjame salir de
aquí.
-No lo haré- dijo firme y serio
acercándose por completo a los barrotes para que le viera bien, aunque tenía
ese deje de locura se le notaba triste- Ya no vienes a visitarme…
-No quiero verte más Cronos, a
ambos nos hace mal vernos- reconocer, una ráfaga de aire llegó al lugar y las
antorchas la iluminaron dejando ver el claro anillo que tenía en su mano
-¿Qué es eso?- el odio empezaba a
inundar el cuerpo de Cronos mientras veía aquel anillo- ¿Quién te ha dado eso
Afrodita?
-Horcus, es una muestra de amor-
y, queriendo protegerlo lo tapó temiendo que pudiera hacer algo contra él- Lo
nuestro acabó hace mucho y no hay na-
Fue cortada por un gran golpe que
le dieron en la cabeza, cayendo al suelo con una brecha que empezaba a sangrar.
“Pum, pum” otra vez ese sonido, le ponía de los nervios, pero esta
vez era su corazón lo que oía. Aunque también una voz suave que parecía
llamarla, intentó abrir los ojos, pero no podía.
Una luz cegadora llegó a ella y
fue como verse en un espejo, pálida por la falta de sangre, con los cabellos
manchados de rojo, tumbada, los ojos rojos pero sin una lágrima, ya no le
quedaban más. Entonces, aquella imagen de ella misma fue transformándose en los
recuerdos que tenía de Ares y Hímero, primero la vida con uno, después, con la
del otro y, finalmente, la de los tres.
-¿No ves el daño que te han hecho? Cada palabra, cada sonrisa, cada
caricia… Todo quedó en el pasado, Hímero que juró protegerte no lo hizo, y tú
sufres las consecuencias- la voz de Cronos, como era antes, llegaba a su
mente. Ella cerró los ojos no queriendo ver más- No estás sola mi querida Afrodita.
-Claro que no lo estoy… Tengo a Horcus, tengo a mis amigos, puedo vivir
sin un hijo y sin el padre de algunos hijos míos-pensó, aún tenía gente,
seguiría adelante, no se dejaría pisotear más.
-Horcus, Horcus, Horcus… Siempre él, estoy harto de que nombre a aquel
ser inferior que no te merece-la rabia y los celos empezaban a notarse en su
voz-Te haré cambiar de idea.
-No lo harás- convencida esperó lo peor.
Todo volvió a estar oscuro, de
golpe un fuerte dolor le atacó la cabeza, tanto, que empezó a gritar y a gritar
hasta quedarse sin voz y perder el conocimiento.
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Los rayos del sol empezaron a
entrar por su cuarto, con una sonrisa, Afrodita empezó a desperezarse,
tanteando por la cama el cuerpo cálido que creía que estaba allí, pero no era
así. Abriendo los ojos se encontró sola y suspiró.
-Otra vez se ha ido en medio de la noche…- pensó levantándose de la
cama e ir al baño.
Lo primero que el espejo reflejó
fueron sus ojos rojos e hinchados y la venda en la cabeza, con un suspiro
empezó a quitársela notándose una gran brecha en esta y las gasas llenas de
sangre, mordiéndose el labio se curó la herida.
-No pienso jugar más con las ninfas a saltar de árbol en árbol…-
pensó, conteniendo el escozor que sentía-
Si al menos Hime estuviera aquí podría ayudarme.
Con Hímero fuera, viendo mundo,
conquistando corazones y cama de mujeres lo único que la entretenía en momentos
aburridos eran las ninfas. Por desgracia, el dueño de sus suspiros y corazón le
había abandonado, como cada noche, para ir con su mujer.
-Cronos…- susurró, su voz ronca
después de la velada que pasaron tardaría en irse- Espero que vuelvas pronto mi
rey.
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